13 de marzo de 2016

De los sueños venideros

Desnuda la noche
Del ayer, del presente de los sueños venideros
Despertar estremecida
Arrullada entre tus brazos
Dormir placentera, despertar con el dulce néctar de tus labios
Volar una y otra vez, hasta llegar a ti
Hasta llegar al límite
Y mientras ondeo como mar
Fijo mi mirada en el brillo de la tuya
Desnuda la noche

Del ayer, del presente de los sueños venideros.

5 de febrero de 2016

Vaivén

Un vaivén de pensamientos
Frases dichas con el alma abierta
Sin el bozal del púdico amor.
Palabras que ondean en un mar tenebroso
Enardecido invierno que ha extinto lo cálido
Despliegue de verdades engullidas por la ceguera.
Ellas afloran fragmentando los trozos de un cristal
Dejo marcas el tiempo, vulnero certezas, sembró mil veces la duda.
Y en un instante como tormenta de cabo.
Engulle todo sentimiento que pudo marcar la diferencia

De un pasado tenebroso y un futuro hecho árido desierto.

Despertar sabiendo que aún no he podido soñar dormida.

Una melodía,

el leve incienso que impregna de almizcle los aromas,
luz tenue que reviste de sombras cada rincón, donde se escribió una historia pasada.
Recuerdos que entre las manos del pianista recobra vida.
Para desvestir el azul tenue y resurgir el blanco oscuro de los contornos añiles.
Reminiscencia de escenarios que connotan la razón del abismo solitario
Soledad que se hace inmensa ante el silencio ínsito.
El viento ondea en búsqueda de lugares por donde consiga penetrar.
Como cada viejo pensamiento, se viste la mirada del horizonte
y nos llenamos el pecho de aire, en un suspiro taciturno de vacío.
Las manijas del viejo reloj,  que un día fue obsequio  dado por un príncipe a mi Madre.
Marca el tiempo que segundo a segundo, me dice que el anterior no regresa a hacerse presente.
Vamos moldando el presente, con aquello que tenemos en las manos.
Abrazando cada gesto que nos brinda el hoy.
 Quiero correr al cauce del río, al lago de mi cisne y ver que su regreso es quimera, que el hielo se desvanece ante la nueva primavera.
Que lo que parecía desierto blanco, ante los primeros rayos se torna vida que emerge.
Apartar el áurea que rozaron la mía, fundiéndose en una en cada encuentro
Levitar sobre los sueños en búsqueda inquieta del esbozo del mañana.

Despertar sabiendo que aún no he podido soñar dormida.

25 de noviembre de 2015

Noches de luna llena


Hace algún tiempo, que no dejo que mis dedos tecleen las palabras que afloran en el silencio de mi mente, en las ansias de mi alma, en el manantial de vida llamado corazón.

Hoy después de algunos años, creí que la madures había llegado también a los pensamientos silentes, palpitantes de todo el sentir de mi esencia de mujer.

Pero las ganas siguen siendo las mismas, pueden que lo pausado sea el envoltorio más apasionado, pues se disfruta el más leve y cálido respiro sobre la piel.

El rastro que deja las yemas de tus dedos en mi piel son más notorias, pues son evidentemente más sentidas, y no porque la dermis se ha tornado más fina. Sino porque el tiempo no es constante en ningún instante. Y no hay prisas de llegar a lado alguno.

La mirada se ha tornado más penetrable y lo tácito se torna presencia y verbo.

Hace algún tiempo que lo que parecía encubierto estaba expuesto al roce del viento, al mismo frío del invierno, pero jamás lejano de mí ser.

Sigo trayendo a mi mente el aroma ardiente de tu piel, sigo escalando cada rincón donde tus manos dejaron huellas, sigo sintiendo la presencia de tu esencia en el blanco lienzo de mi alma

Bajo esas estrellas, sumergidos en el agua en un frenético abrazo entregados en un solo cuerpo, a la descubierta del éxtasis de la vida, inundados de una irrealidad que jamás se tornaría en eje de nuestras realidades. Pues aunque buscamos un solo emerger, sucumbimos en encontrar un camino juntos.

Hoy soy la amalgama que moldaste, soy la explosión de lo que redescubriste y sigo siendo tu más sublime pensamiento en noches de luna llena, donde se mezcla el aroma del almizcle y el incienso de canela.

Soy ese trinar de aves entonando la melodía de gemidos y así el grito broto por primera vez junto al torrente.

Sigues cohabitando en el espacio único que recreaste en cada instante sublime. Sigues siendo el autor de mi despuntar de mujer, el artífice del primer orgasmo alcanzado a dos. Sigues estando y sigues existiendo.  Aunque no sea la presencia la esencia, pero siempre será más allá del horizonte la fuente única del estremecer de mi piel, serás siempre el vuelo del cóndor. 

Serás la suave melodía al escuchar Enya o Budha Bar. Serás cada nota sobre las líneas paralelas de nuestra partitura.