12 de mayo de 2016

El absurdo y la razón

Ayer en la penumbra de la noche, el viento agitaba el ventanal
Los días se agotan y la esperanza cada vez es más etérea.
El dulce aroma llega a mí creyéndome despierta, sé que estoy soñando
O al menos eso creo, pues hace algún tiempo mi consciencia deambula
Entre la fantasía y la realidad nefasta de las incongruencias
Se rasga el alma, y el corazón tantea vivir, llevando su ritmo
El deseo es instante que se viste de vacua y el miedo deja de estar
El aroma y el canto del silencio abrazan mi cuerpo
No quiero nada realmente,
porque lo que he deseado verdaderamente lo he perdido.
Es el tiempo y nada más que él que me mantiene viva.
Es el corazón que vive por mí, pues mismo herido sigue jadeante
Y el amor jamás muere, está presente mismo en los temores de la soledad
Intente construir un castillo que perdurará en el tiempo, y vasto el roce de una ala
desplazanado tan solo una piedra, para que roca a roca fueran cayendo más allá del acantilado
Donde el invierno las cubrirá de musgo, y el tiempo consorte del olvido
No ha aprendido que el amor no muere, y duele cada despertar, las heridas están.
Quiero no estar, aunque estando estoy ausente. 
Y es por ti que aún sueño.
Lo absurdo no entiende que el amor no muere. 
Y la razón olvido que el amor es eterno.

13 de marzo de 2016

De los sueños venideros

Desnuda la noche
Del ayer, del presente de los sueños venideros
Despertar estremecida
Arrullada entre tus brazos
Dormir placentera, despertar con el dulce néctar de tus labios
Volar una y otra vez, hasta llegar a ti
Hasta llegar al límite
Y mientras ondeo como mar
Fijo mi mirada en el brillo de la tuya
Desnuda la noche

Del ayer, del presente de los sueños venideros.

5 de febrero de 2016

Vaivén

Un vaivén de pensamientos
Frases dichas con el alma abierta
Sin el bozal del púdico amor.
Palabras que ondean en un mar tenebroso
Enardecido invierno que ha extinto lo cálido
Despliegue de verdades engullidas por la ceguera.
Ellas afloran fragmentando los trozos de un cristal
Dejo marcas el tiempo, vulnero certezas, sembró mil veces la duda.
Y en un instante como tormenta de cabo.
Engulle todo sentimiento que pudo marcar la diferencia

De un pasado tenebroso y un futuro hecho árido desierto.

Despertar sabiendo que aún no he podido soñar dormida.

Una melodía,

el leve incienso que impregna de almizcle los aromas,
luz tenue que reviste de sombras cada rincón, donde se escribió una historia pasada.
Recuerdos que entre las manos del pianista recobra vida.
Para desvestir el azul tenue y resurgir el blanco oscuro de los contornos añiles.
Reminiscencia de escenarios que connotan la razón del abismo solitario
Soledad que se hace inmensa ante el silencio ínsito.
El viento ondea en búsqueda de lugares por donde consiga penetrar.
Como cada viejo pensamiento, se viste la mirada del horizonte
y nos llenamos el pecho de aire, en un suspiro taciturno de vacío.
Las manijas del viejo reloj,  que un día fue obsequio  dado por un príncipe a mi Madre.
Marca el tiempo que segundo a segundo, me dice que el anterior no regresa a hacerse presente.
Vamos moldando el presente, con aquello que tenemos en las manos.
Abrazando cada gesto que nos brinda el hoy.
 Quiero correr al cauce del río, al lago de mi cisne y ver que su regreso es quimera, que el hielo se desvanece ante la nueva primavera.
Que lo que parecía desierto blanco, ante los primeros rayos se torna vida que emerge.
Apartar el áurea que rozaron la mía, fundiéndose en una en cada encuentro
Levitar sobre los sueños en búsqueda inquieta del esbozo del mañana.

Despertar sabiendo que aún no he podido soñar dormida.