30 de abril de 2008

Besos de Hielo

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Dónde un día creí existía camino, que recorrer de tú mano

Y creí real la puesta de Sol en cada ocaso.

Dónde la melodía del AMOR me hacia danzar ya no de tú mano,

sino del reflejo que yo creía real.

Silente con tu verdad, para no herirme,

¿cuantos besos me distes carentes de esa chispa que enciende hogueras?

Convirtiendo esa verdad en el frio nórdico,

que de pronto cubrió de hielo mi alma.

Ese mar intenso, se cubrió de gris y el horizonte no volvió a ser mi punto de referencia.

Fue sentir de pronto que la vida se detuvo entre formas caprichosas, talladas al antojo del viento.

Hielo que cubrió lo dulce del camino, tornando mis pasos frágiles en suelo resbaladizo

Y entre tanta soledad encontrada en el camino, sentí la mía menos fea.

Y en cada mirada triste, me veía también reflejada

En mi vaguear aviste otros que buscaban al igual que Yo, encontrar el camino sin tropiezos ni posibles deslizados

Atreviéndome a caminar por el centro, dónde el hielo es menos resbaladizo.

Noches de carencias, extendiendo mi mano en un lecho vacio

Noches negadas a brillar con su intensa luna de plata que se asomaba por la ventana para cubrirnos la piel

Amaneceres, sin el arrullo de las aves que presurosas alzaban vuelo

Sintiéndome atrapada entre cada objeto que te traía a mis recuerdos, a mi piel, en ese olor peculiar que dejaste en mi cama.

Y fue precisamente en ese horizonte negado a existir, que encontré a la esperanza del Vivir

Cómo retoño que revienta del tronco aparentemente seco después de un intenso invierno

Emerger como el humo que se extinguió, más aún humeante entre las cenizas

Brota del centro mismo de mi mundo, pues allí tan sólo yo puedo hurgar y hacer la diferencia

De alzar vuelo como el Ave Fénix que resurgió de sus cenizas

Noches de insomnio, entre libros dejando a que mi corazón en hojas blancas murmurara su dolor, sus recuerdos, creando así en solitario, un boceto de lo que pudo ser para de nuevo ser motivo de Vida

Basto un capullo de flor, en una mano extendida, regalándome la esencia, para descubrir de nuevo

La caricia cálida, el deseo de mirar de nuevo.

Una mar con sus intensos azules de vida, reverdecida de la esperanza, urgida de orilla en la cual sentirse AMADA.

Un horizonte compartido en un mismo compás, unísono a un solo latir abrazados en un mismo mañana